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Hielo o calor: cuál va y cuándo

Te duele la espalda a las diez de la noche, abres la nevera y te quedas mirando. ¿Hielo o la almohadilla caliente? Casi todo el mundo escoge lo que le suena más rico, y por eso casi todo el mundo escoge mal.

La regla corta

Hielo cuando la molestia es nueva o la zona está inflamada. Calor cuando la molestia es vieja y lo que sientes es rigidez o un músculo agarrotado.

Nueva quiere decir de las primeras cuarenta y ocho a setenta y dos horas. Una caída, un mal movimiento cargando algo, un latigazo del carro, un tobillo que se dobló. Ahí hay hinchazón y el frío ayuda a bajarla y a calmar el dolor.

Vieja quiere decir que llevas semanas o meses con esa espalda dura, que amaneces tieso y sueltas después de moverte un rato. Ahí el calor relaja el músculo y hace que moverte duela menos.

Por qué la gente lo hace al revés

Porque el calor se siente delicioso y el hielo se siente incómodo. Con el golpe reciente el cuerpo pide calor, y el calor sobre algo recién inflamado suele aumentar la hinchazón. Alivia diez minutos y al rato está peor.

También pasa lo contrario. Alguien lleva tres meses con la espalda baja dura y se pone hielo todas las noches porque “es inflamación”. Un músculo crónicamente tenso con frío encima suele ponerse más tenso.

Y hay un tercer error, el más común de todos: dejarse la almohadilla eléctrica puesta y quedarse dormido. Eso quema la piel de verdad, sobre todo en personas mayores, en diabéticos y en cualquiera con la sensibilidad disminuida.

Cómo usarlos sin hacerte daño

Con hielo, quince o veinte minutos, nunca directo sobre la piel. Una toalla fina en medio. Después descansa por lo menos cuarenta minutos antes de repetir. Una bolsa de gandules congelados sirve igual que un gel pack y se amolda mejor.

Con calor, quince o veinte minutos también, tibio y no ardiente. Nada de dormir con la almohadilla encendida. Una ducha caliente antes de moverte funciona bastante bien y no tiene ese riesgo.

Ni uno ni otro sobre piel abierta, sobre una zona adormecida ni sobre un área que ya está roja e irritada.

Qué esperar de esto

Alivio, no arreglo. El hielo y el calor bajan el ruido para que puedas moverte, y moverte es lo que suele mover la aguja. Ninguno de los dos corrige lo que está causando el problema.

Si el frío o el calor son lo único que te permite funcionar y llevas así más de dos o tres semanas, la pregunta ya no es cuál de los dos. Es qué está pasando debajo, y eso lo explora un profesional contigo. Si además el dolor baja por la pierna, te sirve entender la diferencia entre ciática y hernia.

Cuando ninguno funciona

Hay dolores que no responden a nada de esto, y eso por sí solo es información. Si probaste ambos con juicio durante una semana y sigues igual, deja de rotarlos y busca que alguien te mire.

Cuándo no es asunto de hielo ni de calor

Si pierdes control de la vejiga o del intestino, si la debilidad en una pierna va en aumento, si se te adormece la zona entre las piernas, si tienes fiebre junto con el dolor, si el dolor apareció después de un golpe fuerte o una caída, si te despierta de noche y no cede en ninguna posición, o si estás perdiendo peso sin explicártelo, guarda la bolsa de hielo y busca atención de emergencia.