Guías

Cuidar a un mayor sin lastimarte la espalda

Cuidar a un padre o a una madre en casa es un trabajo físico que nadie te enseñó a hacer. Se aprende a la brava, a mitad de un pasillo, con alguien colgando del brazo. Muchos cuidadores terminan con dolor de espalda propio y sin tiempo para atenderlo.

Por qué esto lastima tanto

No es el peso solo. Es que cargas un peso que se mueve, a veces impredecible, casi siempre lejos de tu cuerpo y con la espalda girada. Un baño, una cama y una silla de ruedas rara vez están puestos donde te conviene.

Y se repite. Cinco o seis transferencias diarias, todos los días, sin descanso. Ahí está el desgaste que la gente no ve venir.

La regla que más espaldas salva

No lo cargues. Ayúdalo a moverse él mismo.

Casi todo mayor conserva alguna fuerza. Tu trabajo es guiar y estabilizar, no levantar peso muerto. Cuenta en voz alta, “a la de tres”, para que empujen a la vez. Si tú haces el cien por ciento del esfuerzo, algo está mal montado.

Cómo montar cada movimiento

De la silla al pararse: acerca las caderas de él al borde del asiento, los pies bajo las rodillas, que se incline hacia adelante con la nariz sobre los pies. Empújalo desde las caderas, no lo hales del brazo. Halar de un brazo puede desgarrar el hombro de una persona mayor.

De la cama a la silla: pon la silla del lado fuerte, pegada, con freno. Que él se siente primero al borde de la cama y espere unos segundos ahí sentado, porque muchos se marean al incorporarse. Luego un giro corto de pies, sin torcer tú la cintura.

Siempre: pies separados, uno adelante, rodillas dobladas, él lo más pegado a ti posible, y mueve los pies para girar. Nunca gires la espalda con peso encima. La técnica completa está en cómo cargar peso sin lastimarte.

Lo que sí vale el dinero

Un cinturón de transferencia, esa faja con agarraderas, cambia el juego y cuesta poco. Te da dónde agarrar sin halar ropa ni brazos.

Barras de agarre atornilladas en el baño, junto al inodoro y dentro de la ducha. Las de succión no aguantan a un adulto.

Silla de baño y regadera de mano. Bañar a alguien de pie es de lo que más espaldas rompe.

Una cama a buena altura. Si trabajas doblado sobre un colchón bajo, tu espalda paga la diferencia todos los días. Aquí hay más sobre la casa segura para un mayor.

Pide ayuda antes de necesitarla

Si una transferencia te da miedo, es que ya es demasiado para una sola persona. Pide dos manos, aunque sea del vecino. Un terapista físico puede ir a la casa y enseñarte las transferencias con el cuerpo real de tu familiar, que es distinto a cualquier video.

Tus propias señales

Dolor que aparece con las transferencias y va empeorando semana a semana. Adormecimiento u hormigueo que baja por un brazo o una pierna. Un pinchazo que te dobla en el momento de levantar. Nada de eso se aguanta hasta que “haya tiempo”, porque si tú caes, cae el cuidado entero.

Si no estás seguro de a quién te toca ver, aquí se comparan quiropráctico, fisioterapeuta y ortopeda.

Cuándo no esperar

Busca atención de emergencia, tuya o de él, si hay pérdida de control de la vejiga o del intestino, debilidad que va en aumento en un brazo o una pierna, adormecimiento en la zona entre las piernas, fiebre junto con el dolor, dolor después de una caída o un golpe, dolor que despierta de noche y no cede en ninguna posición, o pérdida de peso sin explicación.

En una persona mayor, además: confusión que aparece de golpe, dolor de pecho, dificultad para hablar o debilidad en una mitad del cuerpo. Eso es 911 el mismo minuto.